La primera referencia fidedigna hallada entorno a la figura de Mungia es de 1051.
En un principio se trataba de una pequeña aldea de población dispersa, con la iglesia como núcleo aglutinante, pero paulatinamente adquirió mayor importancia debido en gran medida a su condición de núcleo administrativo eclesiástico, así como su emplazamiento en un punto de paso entre el señorío y la costa. Varias familias nobiliarias se asentaron en los alrededores de la población apoyando su poder económico en los beneficios obtenidos de la tierra.
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